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Los chicos sin hogar

Desde hace varios años, cada mañana, paso por una esquina que es usualmente compartida por varios chicos sin hogar.

Al comienzo pensaba que al darles dinero contribuiría a sus adicciones, así que muchas veces les daba cosas empaquetadas, barras nutritivas, frutas, agua, leche en tetrapak, a veces un sandwich y otras pizza, también hacia que mi hijo compartiera sus gomitas, y golosinas, quería fomentarle el amor y servicio al prójimo.

Hace como dos años recibí la llamada de una de mis personas favoritas en el mundo, alguien a quien quiero con todo mi corazón. Solía recibir sus llamadas porque entre las dos, por años, hemos conversando y discutiendo las mejores maneras de criar a sus dos hijos que ahora ya son adolescentes. Yo la he visto trabajar incesantes horas, darles amor del bueno, cometer muchos errores  por supuesto, pero: ¿Qué madre no comete errores? Por años los ha criado sola, sin poder contar con su padre, que sinceramente era irresponsable y todavía tiene hábitos adictivos que no ha podido dejar. Esta llamada fue diferente: «Hace una semana que no viene a dormir a casa, he llamado a sus amigos, algunos me dicen en donde esta otros me dicen que no saben. Estoy pensando lo peor, esto ya se fue de mis manos»

En ese tiempo su hijo tenia menos de dieciséis… La edad favorita de mi adolescencia, cuando tuve la oportunidad de explorar tantas cosas nuevas pero sintiéndome todavía protegida por tener un hogar…

Varios meses después, sin muchas noticias de él salvo las que confirmaban las peores sospechas, supimos que lo habían atrapado y que estaba con muchas drogas encima y se sabia también que tenia juntas de muy mala reputación… Se escapó de donde lo tenían… Lo volvieron a atrapar, se volvió a escapar y así ha seguido hasta hoy, con un pie adentro y otro afuera… Cuando cumpla dieciocho su vida ya será su responsabilidad y salvo si comete algún crimen, será difícil saber donde esta.

Lo triste de esta situación es que este jovencito al que he visto nacer y crecer siempre ha sido un niño de buen corazón, dedicado a colaborar en casa, respetuoso, cariñoso con sus familiares y amigos y con un corazón inocente que lo ha llevado a meterse en pequeños y grandes problemas.

Ahora, cada vez que veo a un chico en la calle, el corazón no solo se me estruja, quiero ir corriendo a decirle que tiene una madre que llora cada día por él, una hermana menor confundida, un padre que ha regresado a buscarlo, una abuela que se esta entrenando para poder ayudar o otras familias que están pasando por eso, unos primos que quieren darle una abrazo, acogerlo, ofrecerle de comer, una familia que lo quiere limpio, abrigado, con la barriga llena, bajo un techo, sano.

Muchos chicos y adultos sin hogar tienen a una familia pensando en ellos, llorando por ellos, rezando por ellos. Y ahora, cada vez que veo a alguien en la calle, pasando frío, calor, dolor, o en pleno estado de adicción, lo único que pienso es querer darles amor…. Nadie sabe la historia de nadie y juzgar a las personas nos llevo a pensar lo peor de ellos y a olvidarnos de todos los regalos que nos pueden ofrecer.

Lo que sea que comparta con una persona que no tiene hogar viene del amor… Pero quisiera darles mas… un beso, un abrazo… Decirles: «Tu madre te ama, tus hermanos te extrañan, tu familia piensa en ti cada día, varias veces al día…. yo te amo, porque veo en ti a alguien a quien amo también…»

 

 

 

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