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Hablando de espiritualidad…

Hace muchos años, precisamente en 1949, un escritor norteamericano de nombre William Faulkner, exclamaba a voz en cuello ante el público que lo escuchaba recitar su discurso en aceptación del Premio Nobel de Literatura:

“Me niego a creer en el fin del hombre”.

Faulkner, más adelante en su discurso, reconoce que el presente de su época era una era de incertidumbre nuclear. Eran tiempos donde los problemas del espíritu empezaban comenzaban a asumir un rol secundario.

No tengo la autoridad para exclamar que en el presente es un escenario similar. Y sentiría gran injusticia ante los eventos de mi vida si reconociera que los problemas del espíritu son secundarios. Las personas que conozco han empezado, acaso más adelante en sus vidas, a contemplar la necesidad de aproximarse al espíritu.

Esta es una época donde los problemas del espíritu han empezado a recuperar el protagonismo.

Y como debe ocurrir, todos nosotros hemos desarrollado o recién empezamos a hacerlo, rituales personales para incrementar nuestra comunión espiritual.

Sin excluir ninguna creencia particular, todos podemos formar rituales diarios para aproximarnos a figuras divinas y a nosotros mismos de igual manera. Yo, por ejemplo, me persigno diario cuando obtengo una idea creativa que me sirva para resolver un problema determinado durante el día.

También he encontrado a Jesucristo en un acuerdo tácito donde sé que mientras observo y aprecio las maravillas de mi vida, lo estoy observando directamente a él.

Esa es mi comunión espiritual, reconocer la belleza en todas sus formas durante mi vida diaria.

Y ustedes pueden encontrarse con esa figura divina, sus enseñanzas, sus fortalezas y la relación especial que han entablado a partir de incrementar sus espiritualidades cada día.

 

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