0 Me gustó

Entregando amor, así las comparto yo…

El siguiente escenario:

Esa persona que nos importa. Un rostro frágil que destaca una mirada envolvente. Una expresión que nos penetra y provoca pequeños retazos de trueno epidérmico. Un temblor de calor oloroso a necesidad de amor. Y el cuerpo siente la piel ajena cargada de preocupaciones, sueños y ambiciones atávicas. En ese momento nos asalta la convicción del miedo terrible que provocaría contemplar los ojos de la otra persona. Porque conocemos perfectamente que una vez a la deriva en las aguas inciertas de la mirada humana, en emociones donde ninguna brújula puede guiarnos por el sendero certero, nos comprometeremos eternamente al servicio de la felicidad de esa otra persona.

Pueden ser incontables personas. Pero compartimos nuestras habilidades para finalmente arribar a un escenario similar.

¿Cómo compartirlas? Con amor, lealtad, cariño, empatía, entendimiento y paciencia. Nos perderemos en un alma ajena quizá algún día. Pero existen ciertas rutas de navegación de las que es mejor jamás desviarse.

Deja una respuesta