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¿Cómo es tu despertar ideal?

Despacio. Muy despacio… casi sin querer, abro los ojos. Un pequeño haz de luz juguetea por las sabanas… Ni rastro del despertador (ni se le espera). Poco a poco, se empieza a despertar el resto de mi cuerpo. Casi puedo respirar la serenidad de la estancia, envuelta en una calma que se extiende por encima del murmullo exterior.

Al girar levemente la cabeza, puedo ver como tu silueta recorta la mañana por la ventana. Un tirante que ha perdido el norte, gana toda mi atención… y entonces, me miras. Sonríes, con las mejillas como dos tomates. A medio camino hacia tus labios, te abalanzas sobre mí y me tatúas buenos días a besos…

Voy a por el desayuno. Café con leche, tostadas con esa mermelada que tanto te gusta pero de la que nunca recuerdas el nombre y una onza de chocolate sin leche. Y entre bocado y bocado, comentar lo que el Ipad nos diga del mundo, esbozar planes para el día que comienza (¿qué hora debe ser?), otro café… y un pellizco de tanto en tanto, para asegurarme de que no sigo soñando.

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